SOLEDAD EN EL PARQUE (I PARTE)
El escenario en tinieblas, la ciudad dormita y a lo lejos los rascacielos se van apagando, algunos todavía en vela misteriosamente hablan a la noche....
El paseante nocturno deambula por el parque y se embauca en un sueño; se baja el telón, al rato vuelve a subirse y nuestro protagonista está tumbado a la luz de las estrellas en un banco.
ESCENA I

Pertenezco al mundo de los sentidos, los poseo, los tengo, luego existo. Me toco y sí tengo materia, tengo y poseo células, un cuerpo y una forma. Me gustaría ser otro cuerpo u otra mente pero no puedo salir de éste, mi mente es única, es mía y no la puedo sustituir por otra. A veces, me intentan cambiar y modificar pero, no pueden, soy así, yo mismo.
Miro al Cielo y doy gracias por la soledad. ésa que me permite ser yo mismo y no ser otro, no compartir ni cuerpo ni mente con el Otro, con ningún otro.
Oigo un único sonido, el del silencio...Y, ¿cómo es ese sonido? - me preguntaran y yo, diré simplemente, es el sonido y el eco del silencio, el fluir del tiempo, el devenir del futuro y la eternidad...El silencio me persigue y es el mejor perseguidor; me incita a seguir reflexionando y a meditar a lo largo del día, de ese día que a muchos horroriza y a otros, fascina.
Me cuentan que la noche es misteriosa aquí, en Central Park y puede que lo sea pero el mayor misterio somos cada uno de nosotros; aquí antiguamente existía peligro, era escena del crimen, del misterio, de la locura pero...hoy en día, somos nosotros mismos los peligrosos, los símbolos a veces del horror.
Aquí me siento a gusto, nadie me oye, nadie me escucha, aparentemente no soy presa del peligro que se supone que acecha en las noches del parque. Veo a lo lejos todo Nueva York pero únicamente oigo el silencio aunque supongo que la ciudad estará repleta de ruidos, sonidos y colores estridentes que invaden los sentidos.

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